El Club de la Corbata ARN
Corbata de lana con un dibujo de la estructura del ARN bordado en seda verde y amarilla. En la solapa de la chaqueta, un pin con el nombre abreviado de un aminoácido. Estos dos complementos diferenciaban a los miembros de uno de los clubs de caballeros más eruditos y, a la vez más desenfadados, que han existido: el Club de la Corbata ARN.
Eran 20 miembros, como 20 aminoácidos existen. A ellos se sumaban cuatro miembros honoríficos que representaban los nucleótidos que forman parte del ARN (adenina, citosina, guanina y uracilo). Entre ellos figuraban químicos, biólogos, matemáticos y físicos. Todos destacaban en su campo. De hecho, ocho terminaron recibiendo un Premio Nobel a lo largo de su carrera.
Entre vino, cigarrillos y cartas, aventuraban teorías sobre la estructura molecular del ARN. Por aquella época no se conocían los mecanismos de replicación del ADN y como estaba este ácido implicado en la generación de las proteínas, ni tampoco el papel que desempeñaba el ARN en estos procesos.
Querían descifrar el código de la vida, es decir, querían entender cómo las cuatro letras (nucleótidos) que forman el ADN pueden combinarse para codificar 20 aminoácidos, los ladrillos que forman las proteínas.
Todo comenzó cuando en 1953 el físico ruso George A. Gamow leyó el artículo de James Watson y Francis Crick que describía uno de los grandes descubrimientos de la ciencia: la estructura del ADN, una doble hélice parecida a una escalera de mano retorcida y con 3.000 millones de escalones.
Fascinado por el hallazgo les escribió una carta: “Soy físico, no biólogo Pero estoy francamente emocionado por vuestro artículo publicado el 30 de mayo en Nature. Creo que tras vuestro descubrimiento la biología debería incluirse dentro de la ciencias exactas. Estaré en Inglaterra casi todo el mes de septiembre. Me gustaría que tuviéramos la oportunidad de hablar”.
La reunión se produjo tiempo más tarde. Fue en Nueva York entre Crick y Gamow. En ese momento despegó el Club de la Corbata ARN. El lema: “Do it or die, or don’t try”, que traducido es algo así como “Hazlo o muere, si no no lo intentes”. Gamow eligió al resto de los miembros y poco a poco y a medida que se conocían fueron poniendo sobrenombres. Watson era “el optimista”, Crick “el pesimista” y Gamow “el sintetizador”.
Se reunían un par de veces al año, aunque durante el resto del tiempo la correspondencia era fluida entre algunos miembros. De las cartas y los encuentros surgieron buenas teorías, algunas acertadísimas, como la que propuso en 1955 Crick sobre la síntesis de las proteínas. Sugería que alguna estructura debía transportar los aminoácidos y los ponía en el orden que le indicaba el libro de la vida, es decir, el ADN.
Por su parte, Gamow en su afán por acercar la biología a las ciencias exactas, usó las matemáticas para establecer el número de nucleótidos que debían ser necesarios para hacer el código de un aminoácido. Y postuló que un código de tres letras (nucleótidos) era suficiente para definir los 20 aminoácidos que existen.
A pesar de estos avances, fue el bioquímico estadounidense Marshall Warren Nirenberg, que no era miembro del club, quien descifró en 1961 el proceso completo de síntesis de proteínas.
El club desapareció cuando Gamow se lo empezó a tomar tan en serio que había más trabajo que diversión. Además, llegaron a un punto muerto en el que empezaban a necesitar financiación para hacer experimentos para demostrar sus teorías.
La financiación fue concedida por las Fuerzas Armadas estadounidenses, pero al final, todo quedó en agua de borrajas. Hoy el club es una inspiración para los jóvenes científicos de todo el mundo.


CÓCTEL DE CIENCIAS
América, te doy una idea ¿Por qué no le propones al Ministerio de Ciencia e Innovación que propicie una vía para crear un Club de similares características? Tú podrías involucrarte en ese proyecto. Suerte. Lo haces muy bien.
Comentario por Froi — 28 diciembre, 2010 @ 17:09
Si no, no lo intentes.
Comentario por Hank — 28 diciembre, 2010 @ 17:45
¡Gracias! Cambiado.
Comentario por América Valenzuela — 28 diciembre, 2010 @ 17:51
Nunca habia oido nada de este club, interesantísimo el tema ,siempre nos sorprendes América.
Comentario por maria alonso — 28 diciembre, 2010 @ 21:26
¡Con que nombren lider a la señorita Valenzuela, este club tendra todo el apoyo academico y financiero del mundo!
Comentario por Yunni — 28 diciembre, 2010 @ 23:26
Interesante, no sabía nada de este club, yo sabía que watson y crick trabajaron juntos y llegaron gracias a ello, por la famosa fotografía 51, pero de este grupo ni idea. Muchas gracias¡
Comentario por Víctor — 29 diciembre, 2010 @ 16:57
Froi, yo creo que estos clubs deben surgir de manera espontánea entre los científicos… A lo mejor existe alguno de, qué se yo, ingenieros especializados en robótica, o neurocientíficos, y no lo sabemos…
Comentario por América Valenzuela — 30 diciembre, 2010 @ 0:28
Un club donde estuviera Crick y Feynman era un buen club.
Comentario por Dani — 2 enero, 2011 @ 21:40